Células Madre: Mitos y realidades

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Todos nacemos con células madre, pero ¿realmente entendemos su uso? Es importante comprender el concepto ‘células madre’ que actualmente causa tanta controversia y polémica derivada de los usos de estas células, cuyo nombre correcto, por cierto, es células troncales.

La importancia del concepto de células madre ha tomado relevancia gracias a su naturaleza de reparación interna de tejidos, por lo que es importante conocer cuáles de sus usos son verdaderos, al explorar el panorama actual.

Tratamiento del cáncer

Las células de la sangre de cordón o médula ósea pueden sustituir a las células de la médula ósea que han sido destruidas por la quimioterapia y/o la radiación, o por la enfermedad en sí.

Mito: La recuperación es inmediata

Realidad: Puede tomar de seis meses a un año después del trasplante para que la producción de glóbulos rojos, blancos y plaquetas se normalicen y se logre un injerto en su totalidad. Durante las primeras seis semanas después del trasplante existe un periodo crítico en el que el paciente está en alto riesgo de desarrollar complicaciones graves por infecciones o rechazo de las células.

Mito: Las células madre matan el cáncer

Realidad: Los trasplantes de células madre hematopoyéticas son parte del tratamiento en algunas enfermedades de la sangre como leucemias, linfomas y mielomas (cáncer de la sangre), pero no significa que las células troncales maten a las células del cáncer.

Los trasplantes de células de la sangre de cordón o médula ósea se realizan para reemplazar las células que mata la quimioterapia y radiación, ya que, además de buscar eliminar las células cancerosas, también elimina a las células hematopoyéticas de la médula, mismas que son indispensables para que una persona pueda seguir produciendo glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.

En ciertos casos, después de la quimioterapia estos trasplantes pueden ser suficientes para que el paciente nunca vuelva a presentar la enfermedad, sin embargo, existen casos en los que se requerirán tratamientos posteriores para evitar que el cáncer progrese o reaparezca.

Tratamiento para el autismo

Mito: Las células del cordón umbilical son inservibles

Realidad: Diversos estudios han reportado que las células de la sangre de cordón mejoran algunos síntomas en niños con autismo. También se ha reportado que después de los trasplantes aumenta la conectividad en ciertas áreas del cerebro relacionadas a estos síntomas. Existe evidencia que indica que estas mejorías pueden estar relacionadas a la capacidad de las células de la sangre del cordón umbilical de disminuir la inflamación cerebral y promover la maduración y formación de nuevas conexiones de las neuronas.

Cura la ceguera

Mito: Cualquier persona con problemas visuales puede recuperar la vista tras la aplicación de células madre.

Realidad: Hoy no es posible recuperar la vista con tratamientos con células madre. Existen diversos protocolos en investigación que plantean utilizar ciertos tipos de células troncales (sin evidencia con células del cordón umbilical) para tratar algunos problemas de la vista.

Terapia para el corazón

Mito: Se puede curar un corazón lastimado

Realidad: A pesar de que no se ha comprobado que existan células troncales en el corazón, existe evidencia con otros tipos de células troncales —como las mesenquimales del cordón— que pueden contribuir a la formación de nuevos vasos sanguíneos para mejorar el flujo de sangre al corazón, regular la inflamación y disminuir el tamaño de la cicatriz ocasionados por un infarto.

Es una realidad que el uso de células troncales ha tomado relevancia en las más recientes investigaciones médicas, llegando al punto de contar con la posibilidad de generar células sanas del músculo cardiaco en el laboratorio y luego trasplantar esas células en pacientes con enfermedad cardiaca crónica.

Cabe mencionar que esto último aún se mantiene en fase de desarrollo, con la finalidad de comprobar la seguridad y eficacia del tratamiento. El reto consiste en dar a conocer a la sociedad su uso real y relevancia, hacerlos conscientes de los avances de la ciencia en las diversas enfermedades que cualquiera de nuestros seres queridos o nosotros mismos pudiéramos padecer.

Por Juan Scaliter. Periodista de ciencia y tecnología

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