
Sin dudas, ser un buen orador puede facilitar muchas cosas en la vida. De hecho, manejar el arte de la oratoria, es una de las claves para tener éxito en la vida.
Si hacemos una recopilación de los discursos más populares de la historia seguramente nos vienen a la mente el I have a dream de Martin Luther King, el discurso de Charles Chaplin en El Gran Dictador, la intervención de Steve Jobs en la graduación de la Universidad de Standford… Estos grandes genios no solamente eran prodigios en su terreno, sino que también eran grandes oradores. Sabían como transmitir sus ideas, una cualidad que, sin duda, les ayudó a alcanzar la cima de su éxito. Y es que pocas cosas son más efectivas que saber cómo comunicar.
¿Es una cualidad innata o una habilidad que se puede adquirir?
Según Josep Vicenç Mestre Nogué, profesor del curso de oratoria en la Universidad de Barcelona, ser un buen orador es, ni más ni menos, que un cóctel de dos ingredientes: actitud y aptitud. Una serie de aspectos comunicativos que, si se pueden aprender. Un gran líder necesita ser un gran comunicador. Existen algunos secretos que servirán servirán para sobresalir en el arte de la oratoria.
El objetivo principal es ser memorable
El objetivo principal de toda presentación o charla que a uno lo recuerden, es decir que las personas se acuerden de algo que uno dijo 1 hora, 1 día, 1 mes y 1 año después. Si bien todas las estrategias que se puedan utilizar son importantes, no es lo mismo confundir el objetivo de una charla con convencer a alguien que compre un producto, o en entretenerlo, o hacerlo llorar, etc. Es importante tener presente que siempre el objetivo final es ser memorable.
Enfocarse en las necesidades de la audiencia
Ningún discurso se debe repetir igual a distintas audiencias. Las distintas audiencias tienen diferentes necesidades y un buen orador se toma el tiempo de entender cuál es su audiencia y cuáles son sus necesidades. No es lo mismo hacer una presentación para adolescentes que para adultos mayores, por ejemplo, su foco de atención pasara por otro lado.
Las ideas principales pueden ser las mismas, pero las preguntas, los ejemplos e incluso el flujo de la presentación deberá variar según el grupo al cual uno se dirija.
Tener una estructura
Toda presentación debería tener una estructura organizada, como un libro o una película: presentación, nudo y desenlace. En la presentación o principio el orador se enfoca en plantear el problema y ofrecer una promesa acerca de esto. Luego en el nudo o medio se ofrece lo principal de la presentación y se finaliza cumpliendo la promesa planteada de una forma que sea memorable creando impacto en la audiencia.
Un consejo tiene que ver con que no queda bien memorizar la presentación. Uno puede hacer un esquema de ideas principales y la manera cómo se entrelazan unas con otras y guiarse con ese esqueleto. Sin embargo, si uno ofrece un final especial, en ese caso es mejor tenerlo bien presente. Debido a que uno nunca conoce de qué manera se dará la presentación (en oportunidades puede extenderse por el público o debido a algún imprevisto tal vez fuera necesario hacerla más corta) siempre es importante estar listo para cerrar, por lo tanto, tener bien fijado en la memoria el final es fundamental.
Usar el lenguaje no verbal
Es decir, los gestos, la vestimenta, los movimientos, la posición de las manos, etc. es tan importante como el contenido de una presentación. Los buenos oradores comprenden cómo desenvolverse en el escenario maximizando la comunicación a través del lenguaje no verbal.
Hay ciertas pautas a tener presentes: para inspirar confianza y honestidad se deben mantener las manos fuera de los bolsillos y abiertas con las palmas apuntando a la audiencia. Para que la audiencia focalice en el rostro, es fundamental no tener una vestimenta llamativa.
Realizar pausas, cambiar las tonalidades y el volumen de voz alimentan la atención de la a la audiencia.
Interactuar con la gente
Interactuar con la audiencia siempre ayuda a mantenerla atenta al mensaje. Lo importante es que sea corto y específico. Las interacciones demasiado largas generan aburrimiento por parte de los que nos son parte de la interacción. Sin embargo, interacciones cortas obligan a las personas a estar atentas porque no saben si les van a preguntar a ellos en cualquier momento.
Ser prácticos
La practicidad es una herramienta clave. Los mejores discursos son aquellos que llevan a la audiencia a algún tipo de acción. Por eso los mejores oradores llevan su tema a niveles prácticos de manera que cualquier persona pueda aplicar algo de manera inmediata.
Fuente: capacitarte.org