¿Eres productivo? ¡Revisa tus excusas!

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En los tiempos que corren, lo más importante para cualquier persona que gestiona un negocio es el enfoque en la productividad. En La Buena Vida te hablamos de las excusas más comunes para no ser productivo, y cómo puedes cambiar.

Según diversos estudios, la fuerza de voluntad no es suficiente por sí misma para acabar las tareas. Un estudio de la Universidad de Stanford describe esto como “depleción del ego”, una idea que señala que la voluntad es un recurso que tiene su límite. A continuación te exponemos las excusas más comunes para no rendir en tus tareas.

No haré un buen trabajo

Una de las excusas más frecuentes para no hacer un trabajo, es que no serás capaz de hacerlo bien. Seguramente hayas usado esta excusa, aunque no directamente con tu jefe.

Esta excusa es fácil de resolver: No tienes que hacer un buen trabajo. ¿Sorprendido? Evidentemente, tienes que hacer lo mejor que esté en tu mano, tan bien como puedas. Pero tus superiores ya saben que la primera vez que haces un trabajo nuevo, no vas a hacerlo como alguien con años de experiencia.

Por lo tanto, la primera excusa queda desarmada.

No agradecerán mi aporte

Es otra excusa bastante habitual, evidentemente, hablamos de los jefes y de situaciones en las que se te ocurre alguna gran idea para la empresa, pero que no está directamente relacionada con tu trabajo. Por ejemplo, puedes estar trabajando en una máquina y detectar que, con un pequeño arreglo en la máquina, se puede aumentar la velocidad a la que trabaja.

Hay dos tipos de personas: Las que al acabar la jornada van a ver al jefe y se lo explican, y las que no. Y sí, quizás no agradezcan tu aporte y no lo valoren. Pero eso no está en tus manos.

De hecho, puede que tu idea sea una mala idea. ¿Pero sabes qué es lo que sí agradecerán? Tu proactividad, y el hecho de que tengas interés en mejorar la empresa. Así que no hay excusa aquí tampoco.

No saco ningún provecho directo

Este es uno de los grandes males en la mentalidad hispana. Y conviene cambiar el chip, porque la mayoría de los actos que nos generarán provecho, no lo hacen de forma directa.

Si puedes hacer un trabajo que mejora la productividad de tu empresa, puede que no recibas nada directamente, pero la empresa será más productiva.

Y, cuando una empresa mejora su productividad, crece, puede aumentar salarios y contratar más gente. Por lo tanto, puede que esa actitud proactiva no te genere provecho en el momento, pero sí lo hará en el largo plazo.

Así que aquí tampoco hay excusa.

Ese no es mi trabajo

Esta excusa viene de una falsa idea de lo que es una empresa. Muchos trabajadores ven a la empresa como un lugar donde uno hace un trabajo en concreto y no debe salirse de ese trabajo, porque no le pagan por ello. Es una idea de que la empresa está hecha para beneficiar al jefe y no a la totalidad de los trabajadores que participan en ella. Y esta idea es errónea.

Una empresa es un conjunto de personas colaborando para llevar hacia adelante un proyecto. El jefe y el trabajador están colaborando, y así debe entenderse para que una empresa funcione correctamente.

Por lo tanto, tu trabajo es cualquier trabajo que pueda mejorar la empresa, porque tu trabajo es que la empresa prospere. Debes actuar como si la empresa fuera tuya.

Amancio Ortega, cuando empezaba su imperio textil y solo tenía un par de tiendas, ya gestionaba la empresa como el jefe de todo. Pero si un día la cosa no iba bien, bajaba al taller a doblar camisas con los demás. Si el hombre más rico del mundo dejaba “su trabajo” para hacer algo que “no era su trabajo”, ¿cómo no vas a hacerlo tú? Aquí tampoco hay excusa.

Hay muchas excusas para ser improductivo, y lo que hay que hacer es luchar contra ellas con todas tus fuerzas. No hay excusa posible, de nada sirve ir lamentándose por la oficina.

Por Marta Guerri. Psicóloga con máster en terapia de la conducta