Fagoterapia: ¿Una alternativa a los antibióticos?

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fagoterapia alternativa a los antibioticos

Los fagos son virus devoradores de bacterias (bacteriófagos) capaces de eliminar infecciones originadas por bacterias resistentes a los antibióticos. Descubre en qué consiste la fagoterapia, y sus ventajas e inconvenientes.

Los bacteriófagos –fagos para abreviar– son virus que introducen en las bacterias su material genético y lo replican hasta destruirlas. Recientemente han demostrado su gran potencial al salvar la vida de la adolescente británica Isabelle Carnell-Holdaway, que pudo superar una gravísima infección por Mycobacterium abscessus que no respondía a los tratamientos gracias a una terapia con fagos, que habían sido modificados genéticamente para aumentar su capacidad de eliminar esta bacteria.

Esta poderosa herramienta fue descubierta en 1917 por Félix d’Herelle, y se empezó a usar hace 100 años, pero cada tipo de fago actúa solo contra un género bacteriano determinado (o solo una especie del mismo), y el desarrollo de los antibióticos –que son mucho más fáciles de fabricar y pueden eliminar un gran número de bacterias diferentes, o curar una infección aunque se desconozca la bacteria causante– provocó el abandono de esta opción.

La fagoterapia podría convertirse en una estrategia terapéutica muy eficaz contra las bacterias multirresistentes que no responden a los antibióticos y causan miles de muertes.

En qué consiste

Al igual que otros virus los fagos se unen a un receptor presente en la superficie bacteriana e inoculan su material genético, que posteriormente se replica hasta que destruyen a su huésped. En el caso de Isabelle Carnell-Holdaway la M. abscessus se había vuelto inmune a los antibióticos desde hacía meses, por lo que su médico contactó al científico Graham Hatfull, que tenía una colección de 15.000 fagos en su laboratorio de la Universidad de Pittsburgh, y le envió una muestra de esputo de la joven para ver si alguno de estos virus podía eliminar la bacteria.

El investigador seleccionó tres fagos, dos de los cuales tuvieron que ser modificados genéticamente para mejorar su acción antibacteriana, y desarrolló un fármaco que se le administró a la paciente durante seis semanas, y que consiguió curar la infección.

Las ventajas

Se han hecho ensayos clínicos para evaluar la seguridad y eficacia de diversas combinaciones de fagos con resultados positivos. Entre sus ventajas destacan:

  • Si se administra por vía oral no altera la flora intestinal y previene el sobrecrecimiento bacteriano.
  • Como solo afectan a una cepa bacteriana concreta, son inocuos para cualquier otro organismo, incluidas las bacterias beneficiosas en el intestino que suelen ser diezmadas por los antibióticos.
  • El genoma de los fagos es muy sencillo, por lo que es fácil modificarlo genéticamente e incrementar su actividad bactericida al utilizarlo junto a un antibiótico.
  • Se pueden elaborar terapias personalizadas dirigidas exclusivamente a la cepa bacteriana que causa la infección –como ocurrió en el caso de la joven británica– y es más difícil que se generen bacterias multirresistentes.
  • Si una cepa bacteriana se vuelve resistente a un fago antes de que se haya conseguido erradicar la infección, se puede sustituir por otro que resulte eficaz.
  • Algunos fagos pueden atravesar los biofilms que se producen durante las infecciones bacterianas, que son una de las principales dificultades ya que las bacterias están protegidas ante las defensas del paciente y son muy resistentes a los antibióticos.

Los inconvenientes

Aun no existen preparaciones de fagos para uso humano que se comercialicen en Europa o EE.UU., y el uso compasivo de la fagoterapia aún no ha sido aprobado por las agencias reguladoras. Es necesario identificar el fago efectivo contra cada agente infeccioso, por lo que se debe probar con muchos –en el caso de la joven británica se analizaron 15.000–, y establecer el tratamiento adecuado es un proceso lento.

Al ser biológicamente activos, es necesario someterlos a minuciosos controles para evaluar su seguridad y garantizar que no causen efectos adversos. El hecho de que sean específicos de un determinado género restringe su uso, y hace necesario determinar con rapidez cuál es la bacteria que causa la infección.

Al igual que ocurre con otros virus, nuestro sistema inmune puede detectarlos como un patógeno invasor a eliminar, lo que les impediría actuar contra las infecciones. Las bacterias objeto del tratamiento también pueden desarrollar resistencia frente a los bacteriófagos, pero se podría buscar un nuevo fago capaz de enfrentarse a la cepa resistente.

Por Eva Salabert. Periodista experta en salud

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