¿Cómo influyó la marihuana en las civilizaciones antiguas?

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¿Cómo influyó la marihuana en las civilizaciones antiguas?

El consumo de plantas psicoactivas con fines médicos, lúdicos e incluso religiosos fue una opción habitual durante la antigüedad. De entre todas las variedades de plantas y sustancias disponibles, el cáñamo y su producto psicoactivo llegó a ser una de las más extendidas. Así pues, en el siguiente artículo analizaremos brevemente el rol del cannabis en la antigüedad, y veremos como su uso, lejos de estar generalizado, fue adoptado por pueblos de los más diversos.

La Cannabis sativa es una planta de tamaño mediano cuyas propiedades varían dependiendo del sexo de esta. En el caso de las plantas macho, el producto más aprovechable es la fibra vegetal, sumamente resistente y flexible. Las hembras, en cambio, producen aceites resinosos que contienen altos niveles de THC psicoactivo.

Situar en el tiempo el descubrimiento del cannabis y de sus propiedades es una tarea muy complicada. Al respecto, sabemos que el consumo de algunas plantas medicinales, psicoactivas y alucinógenas ya se daba en el periodo del Neolítico.

Incluso hay varios yacimientos en China y Europa, en los que han sido encontrados restos de semillas, corroborarían semejante afirmación, encontrándose el cannabis entre estos.

El por qué de su consumo, por el contrario, sí que está algo más claro. Al fin y al cabo, muchas de estas plantas son capaces de aliviar, curar y alterar ciertos sentidos, por lo que ni su uso ni su posible sacralidad se hacen extrañas.

Mesopotamia y el qunnabu: ¿el origen del cannabis?

La domesticación de la planta del cannabis y su conocimiento no se dieron hasta la antigüedad. De nuevo, las fechas son inexactas y algunos expertos afirman que la domesticación del cáñamo se produjo junto con la de la cebada o el trigo. Las evidencias arqueológicas, por otro lado, apuntan a que la explotación de los productos de la planta se habría dado, como muy tarde, en el III milenio antes de Cristo, en la antigua Mesopotamia.

Allí, tanto sumerios como acadios conocieron la existencia de la planta, y en muchas ocasiones llegaron a aprovechar sus dones en busca de poderosos calmantes para los dolores.

Para los asirios, una de las civilizaciones más relevantes del arco mesopotámico, el cannabis constituyó una planta bastante útil. Los productores extraían de ella las resinas psicoactivas, con las que se confeccionaba un poderoso y demandado incienso: el qunnabu.

Este preparado elaborado a base del producto psicoactivo se extendió por todos los templos orientales y su función era la de propiciar el contacto con la divinidad y, de paso, endulzar los cerrados ambientes que tenían los templos de sa época.

El consumo de cannabis en la antigüedad: Egipto

Los antiguos egipcios, profundos conocedores del arte de la botánica, también fueron conscientes de la existencia del cannabis y no dudaron en utilizarlo. En la tierra de los faraones fue común la confección de robustas cuerdas y tejidos a partir de la fibra resultante de la planta macho del cáñamo.

Los efectos psicotrópicos sobre el sistema nervioso de estas plantas se han usado con fines terapéuticos y religiosos desde la antigüedad.

Asimismo, la planta hembra también fue objeto de curiosidad, sobre todo en el ámbito médico, en el que destacó junto a la adormidera. Bajo el nombre de shemshemet, el cannabis en la antigüedad egipcia es mencionado repetidas veces en varias inscripciones y tratados médicos, recomendándose su uso para todo tipo de dolencias. Curiosos son los beneficios para la vista que le son atribuidos en muchos de estos escritos. Paradójicamente, son otras plantas y productos los que reclaman con mayor fuerza la atención de los egipcios en las fuentes, por lo que los efectos del cannabis no son totalmente recogidos.

Seguramente, en el antiguo Egipto no se llegaron a conocer en profundidad todas las aplicaciones de la planta de cannabis, y ello a pesar de que la arqueología haya demostrado que su cultivo se introdujo, incluso, en el ámbito particular, tanto en jardines como en casas privadas.

India y el cannabis

En el Irán oriental y el valle del Indo el cannabis estuvo sumamente asociado a los poderes divinos. Se creía que los dioses, en el principio de los tiempos, hicieron emerger a la planta de los océanos para deleite de los mortales. Tales mitos y leyendas no son otra cosa que el resultado del descubrimiento y la exploración de los efectos del cannabis en la antigüedad.

Concretamente, la planta y su naturaleza aparentemente mágica estaban relacionadas con la diosa hindú Siva, quien, de acuerdo con el mito, la había extraído de los mares. En estas regiones también era bastante popular una bebida ritual de origen indoario muy antigua llamada Soma.

Este misterioso brebaje estaba preparado con ingredientes que aun hoy desconocemos y servía para conectar con la divinidad, ya que se especula que sus efectos podrían haber sido alucinógenos. Entre los posibles ingredientes con los que pudo haber estado elaborado el soma se encuentra el cannabis, que guardaba gran importancia cultural en la zona.

Otra bebida ritual, que llevaba el nombre en sánscrito de vijaya —que podríamos traducir como victoria—, estaba seguramente preparada con cannabis, lo que hubo de hacer posible la preparación de brebajes ingeribles con este producto.

El consumo de cannabis en la antigua Grecia

Para los antiguos griegos, por el contrario, el cannabis no fue tan conocido. Poco sabían de sus efectos, y de la procedencia de la planta y sus misterios, sabían menos todavía.

Aun así, existen varias menciones y descripciones bastante detalladas que, en efecto, nos dejan entrever cierto conocimiento de la planta del cannabis en la antigüedad griega. Por ejemplo, podemos destacar un relato de Heródoto de Halicarnaso es bastante ilustrativo a la par que extraño: describe una peculiar tradición escita (gentes nómadas del noreste de Europa) que consistía en inhalar grandes cantidades de humo de cannabis.

Para realizar este ritual, Heródoto nos pasa a explicar explica que los escitas se encerraban en sus tiendas, las cuales sellaban en su totalidad con la intención de que todo ese humo no escapase hacia el exterior. Una vez todo estaba dispuesto, prendían un brasero en el centro del habitáculo y se disponían a lanzar en su interior semillas, hojas y flores de cáñamo.

El humo resultante, lógicamente, llenaba el volumen de la tienda, y era entonces cuando los escitas, según lo narrado por el historiador, prorrumpían en gritos y realizaban bailes.

Algo parecido cuenta el geógrafo griego Estrabón al llamar a los masagetas kapnobatai misios, o “los que caminan sobre el humo», en clara alusión a las costumbres compartidas con los escitas. Estas observaciones, además, coinciden con los hallazgos arqueológicos en el yacimiento de Pzirik, en los montes Altai de Siberia, de un brasero con varias semillas de cáñamo calcinadas en su interior.

El consumo de cannabis en la antigüedad: el Imperio Romano

El cannabis en la antigüedad romana formó parte de un extenso abanico de productos y recursos botánicos de corte medicinal y psicoactivo. Como en el caso heleno, las menciones a los efectos psicoactivos y psicotrópicos de la planta son muy pocas, y lo que ha sobrevivido lo ha hecho en forma de vagas y distantes referencias. Como civilización sumamente avanzada, en Roma las propiedades más prácticas de la cannabis sativa no pasaron desapercibidas. La fibra del cáñamo, muy resistente, fue empleada para la confección de cuerdas y sogas que, según los textos, eran capaces de retener hasta al prisionero más concienzudo.

Y, de hecho, resultó ser muy popular el uso de estas fibras en la confección de cuerdas destinadas a revestir las velas y mástiles de los barcos. Sobre los efectos soporíferos de la planta, como se ha apuntado, poco se sabía. No obstante, ello no fue objeto para que algunos autores curiosos investigasen tales propiedades. En ese sentido, un autor como Plinio, naturalista y cronista del siglo I d.C, hace alusión en uno de sus escritos a una planta que llama potamaugis.

De ella dice que es originaria de regiones como Persia, Siria o la isla de Creta, y que los efectos que provoca en cuerpo y mente son aprovechados por los magos que leen el futuro. Muchos expertos ven al cannabis en esta planta que describe Plinio, aunque ha de tenerse en cuenta que el historiador le atribuye efectos alucinógenos, una capacidad que el cannabis es difícil que posea.

A pesar de este vago conocimiento, existía en Roma un producto de lujo llamado Khipy que podría haber estado asociado al cannabis. Este era un incienso que las clases más pudientes del imperio utilizaban para perfumar y «animar» sus encuentros sociales. La composición del mismo es desconocida, aunque se sabe que era exclusivo porque estaba hecho a partir de resinas que eran importadas desde Egipto. •

Por Alberto Morales. Graduado en Historia por la Universitat Rovira I Virgili de Tarragonar

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